Para muchos es fácil catalogar a las personas, vasta con solo mirarle, la ropa, los zapatos o el peinado, sin embargo porque les resulta tan difícil observar la mirada y analizar sus expresiones.
Aun es tiempo de que no puedo simplemente mirar el exterior y dejar de hurgar en los ojos y expresiones del rostro. Quiero seguir pensando que las vivencias y las cicatrices de nuestra vida se llevan en la mirada. Deseo recordar que ese dolor que habito nuestra vida se cicatriza en nuestro corazón y nos hace ser fuertes encontrando: una razón que llene de luz nuestra sonrisa, un temple que no se inmuta ante las inclemencias temporales de la vida.
He buscado por muchos caminos el dolor que mantenga mi espíritu tranquilo, brindando paz a esas personas con las que cruzo palabras o miradas. Sigo un camino que parece guiarme sin una dirección clara, sin embargo las sensaciones y emociones que la vida me da, me hacen sentir como la sangre fluye por mis venas, me demuestran como puedo enojarme, gritar y reír.
Cada mañana me levanto y no siquiera observo si mi mirada es mas tranquila, lo único que hago es correr porque siempre hay un lugar a donde llegar y en ocasiones no es un lugar como el que busca mi corazón. Sigo la monotonía de un día lleno de emociones que mi corazón no busca, sigo un día de aventuras y peripecias que la vida me ofrece para darme cuenta cual es mi razón de hacer las cosas, cual es mi razón de continuar y no quedarme en el mismo lugar que el día anterior. Cada día es un paso breve en una vida que es tan corta como no imaginamos y tan larga como la aprovechemos.
Los días pasan uno tras otro como si fueran segundos en aquel viejo reloj que muchos años atrás inicio su marcha sintiendo aquella cálida brisa que la vida nos da.